domingo, 1 de junio de 2008

Detrás de Ella, siempre estará Él

Iván Zambrano

Ella atrae las miradas de todo mortal, seduce a hombres y mujeres por igual y no tiene pudor frente a los más jóvenes. La amistad femenina define su grado de hipocresía y tras su sonrisa se esconde el deseo de seguir alimentándose, de hacerse más y más popular a costa de artilugios e ideologías con las que pretende conquistar el mundo. Frívola, calculadora, atractiva y engañosa, es la prostituta de los cortes comerciales, la modelo de toda valla, la sensacionalista, la única, la inigualablemente igualada: Publicidad.

Cada día son más los aliados que se alistan en todos y cada uno de sus ejércitos y que permiten posicionar a los consumidores compulsivos dentro de la taxonomía de plagas del Siglo XXI. Ya sea que pertenezcan a la secta de Herbalife, la Tribu “Traki” o el Imperio “Coca Cola”, las masas son esclavos de la Publicidad y sólo ella parece tener la clave para hacer sucumbir a los mas débiles ante su mirada, tanto así que hasta la Iglesia ha imitado sus movimientos para frenar el descenso de su nómina.

Pero así como la Iglesia es sólo la fachada de un Director Supremo, la Medusa de nuestros tiempos es también la grandiosa marioneta de quien con sus firmes dedos y codiciada presencia se esconde tras Ella. Él ha logrado que los hombres defiendan abiertamente el deseo de hacerlo suyo, ha sido el motivo de todas las guerras, el precursor de la ley del más fuerte, el único, el inigualable, el inalcanzablemente accesible, Poder.

La Publicidad es el escalafón burocrático entre el poder y sus pretendientes. El saber que se puede contar con una telefonía móvil que está “Contigo siempre”, que la transnacional más importante “Ahora es de Todos” y que hay “Que sacar el Tigre que hay en ti”, más allá de hacer que el consumidor asista al veterinario, alimenta su deseo de comprar compulsivamente todo aquello que garantice la proyección de su imagen y por supuesto, su cuota de poder, pues no hay poder, ni por ende publicidad, si no hay quien lo ejerza y quien se deje someter.

La Publicidad sigue siendo un mal necesario, una droga que hay que consumir moderadamente. Los más fuertes seguirán sobreviviendo a los insistentes intereses de Ella, escondidos detrás de su escudo de tres cuarteles: logo, jingle y slogan, y más al fondo estará el siempre omnipotente poder, que a fin y al cabo no se compra ni se vende, se transforma.

(4o semestre - Taller de Redacción II - 2008-1)

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